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Metales antiguos y metales nuevos 

Una de las razones por las que los metales pasan de generación en generación es que su presencia en el cuerpo pasa inadvertida para la ciencia y la investigación médica
Grafito en polvo sobre una cuchara

Al margen de todo el daño que ocasionan por sí mismos, los metales pesados tóxicos constituyen un combustible viral. Es decir, ayudan a los virus en su misión de aumentar los niveles de inflamación en todo el cuerpo y generar enfermedades autoinmunes. Por lo tanto, reducir la presencia de estos metales contribuye a reducir la carga viral. Las cargas virales generan síntomas neurológicos, por lo que eliminar los metales pesados tóxicos también ayuda a abordar problemas mentales y emocionales y a aumentar nuestro bienestar general, al permitir que la electricidad y las frecuencias energéticas del cerebro fluyan con mayor facilidad.

“Cuando logremos descomponer y desmantelar las aleaciones que han estado interfiriendo en nuestro cerebro, minimizaremos la invasión viral, promoveremos una curación más rápida de las heridas emocionales, reduciremos la inflamación del cerebro y los nervios craneales, abordaremos el agotamiento y las deficiencias y ayudaremos a aliviar las adicciones y la acidez de nuestro cerebro.”

Anthony William

Metales antiguos y metales nuevos

Los metales pesados que heredamos son metales envejecidos. A menudo se remontan hasta 2000 • 3000 años atrás, dependiendo del origen geográfico de nuestro linaje. Los metales pesados antiguos, además, tienen una mayor tasa de oxidación que los nuevos. El proceso de envejecimiento de los metales pesados tóxicos comenzó en el momento en que fueron extraídos de la tierra: a medida que fueron envejeciendo, se activó una cuenta atrás oxidativa. Los metales se volvieron altamente inestables al introducirse y asentare en cuerpos humanos, donde se vieron expuestos al oxígeno, los ácidos, el calor, los gases sanguíneos, el electricidad, las sustancias químicas externas y otra serie de elementos.

Los metales más nuevos son radicalmente distintos de los antiguos. Lo normal es que sean igual de tóxicos al extraerse de la tierra, pero son más estables y, por tanto, menos destructivos. Una vez que se han introducido en el cuerpo, los metales nuevos tampoco se descomponen con la misma rapidez que los antiguos. Todo depende del número de generaciones que hayan heredado los metales, así como de la cantidad de metales que posea cada individuo. La mayor parte de la gente posee una mezcla de metales nuevos y antiguos. La exposición más nueva es la que se produce cuando un niño recibe un tratamiento que contiene mercurio, aluminio y cobre. Lo más probable es que dicho mercurio y aluminio se extrajeran de la tierra a lo largo de los últimos 50 o 70 años, se almacenaran y finalmente fueran adquiridos por la industria médica e introducidos en un medicamento. Muchos fármacos contienen metales pesados tóxicos; al mismo tiempo, el niño al que se le administren puede haber heredado otros metales que llevan en su familia cientos o miles de años.

“Podemos heredar metales con 2000 o 3000 años de antigüedad. A estos pueden sumarse metales de hace 300 o 400 años a los que se expusieron nuestros antepasados a través de tratamientos con mercurio.”

Anthony William

Y a estos, a su vez, pueden sumarse metales más recientes. La mayor tasa de oxidación de los metales antiguos hace que los virus se interesen más por ellos, ya que su inestabilidad los vuelve más accesibles.

Una de las razones por las que los metales pasan de generación en generación es que su presencia en el cuerpo pasa inadvertida para la ciencia y la investigación médica, a no ser que se trate de un caso de envenenamiento evidente (resultado, por ejemplo, de consumir agua procedente de un tanque de plomo). Por lo tanto, los metales pesados no son identificados como amenazas destructivas y peligrosas para la salud y no son expulsados de los cuerpos de los padres antes del nacimiento de la siguiente generación. Los metales pesados tóxicos son una de las principales razones por las que la salud humana se encuentra estancada —o está retrocediendo, incluso— en la actualidad.

Combustible de aleación

Normalmente los virus que provocan trastornos autoinmunes se alimentan de un único tipo de metal, o quizá dos. Lo que sucede en casos de afecciones autoinmunes neurológicas graves es que un solo virus se alimenta de tres, cuatro o más metales; o bien dos o más virus se alimentan de múltiples metales cada uno. En estos casos, los metales se mezclan y producen unos desechos muy potentes. Una vez que los virus excretan sus desechos, pueden darse muchas reacciones neurológicas y físicas, especialmente si los metales son antiguos. Cuando un virus se alimenta de más de dos metales, las neurotoxinas resultantes resultan lesivas para los músculos, los nervios, los huesos y los órganos, ya que los desechos tóxicos ahogan las células al no permitirles recibir nutrientes que necesitan para funcionar de manera óptima. Esta exposición a desechos altamente ácidos y desnaturalizantes acaba descomponiendo las es paredes celulares.

Los diferentes metales pesados tóxicos tienen distintos pesos. El cobre, el mercurio y el plomo trate son algunos de los más pesados, lo que dota, a su vez, de un mayor peso a las neurotoxinas y dermatoxinas excretadas por los virus que se alimentan de ellos. Las neurotoxinas y dermatoxinas pueden ser resultado de una mezcla de metales pesados y ligeros, en cuyo caso los pesados tirarán de los ligeros y provocarán que las neurotoxinas y las dermatoxinas se asienten en las extremidades. Esto explica por qué a algunas personas solo les salen eccemas en las manos o las piernas (dermatoxinas más pesadas), mientras que otras las tienen concentradas en el pecho (en estos casos, las dermatoxinas están compuestas principalmente de metales más ligeros). El síndrome de piernas inquietas y el síndrome de Raynaud son ejemplos de afecciones en las que las neurotoxinas se asientan en los pies, las manos, los brazos y las piernas.


William, Anthony. Médico Médium, Cuidar tu cerebro.

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