Hoy en día existe una enorme obsesión por el exceso de proteínas. Todos hablan de proteínas y de los beneficios que ellas aportan, y de cómo vas a transformar tus músculos, tu cuerpo y tu vida.
En redes, lo único que vemos son proteínas, proteínas y más proteínas.
Pero…
¿Sabías que es nuestro hígado el que produce las proteínas?
¿Sabías que no forma proteínas a partir de las proteínas que ingerís?
¿Cómo las fabrica entonces?
“La mayoría de las proteínas que produce el hígado provienen de frutas, verduras de hoja y vegetales, no de alimentos típicamente considerados ricos en proteínas: huevos, yogur, carne, pollo, pescado, leche, frutos secos, semillas, etc.”
Anthony William
El gran problema es que esta locura por el exceso de proteínas ha llevado a dietas altas en grasas ocultas, clave en el desarrollo de enfermedades crónicas, autoinmunes e innumerables síntomas.
Además, al pensar que las proteínas y las grasas son dos cosas totalmente distintas, sumamos aún más grasas a nuestra dieta. El exceso de proteínas y grasas sobrecarga el hígado, espesa la sangre y dificulta la eliminación de toxinas, metales pesados y patógenos, favoreciendo el desarrollo de enfermedades crónicas y autoinmunes, así como problemas cardiovasculares, diabetes y síntomas neurológicos. La sensación de saciedad atribuida a las proteínas suele deberse a la grasa que las acompaña.
También está muy arraigada la creencia de que nuestro cerebro está hecho de grasa y que, por eso, debemos consumir aún más grasa; esto es erróneo. Nuestro cerebro no está hecho de grasa: está compuesto principalmente por glucosa y electrolitos. Funciona con glucosa y sales minerales; sin suficiente cantidad de ambos, no funciona óptimamente.
El azúcar de origen natural —presente en frutas y en carbohidratos naturales como papas, boniatos y calabazas—, así como las sales minerales, contribuyen al desarrollo muscular. La grasa, en cambio, dificulta el desarrollo muscular. Para quienes consumen batidos de proteínas, los ingredientes ocultos que realmente contribuyen al aumento de la masa muscular son los azúcares y los carbohidratos. Y es el tiempo que pasas en el gimnasio o haciendo ejercicio lo que desarrolla músculo, no las proteínas de los batidos ni de otros alimentos que consumes.
Si te interesa mantener la definición muscular, consumir suficientes frutas, verduras de hoja verde y otros vegetales —como el jugo de apio, rico en sales minerales— evitará la atrofia muscular y ayudará a eliminar las toxinas que impiden el crecimiento muscular, además de favorecer la desintoxicación y el buen funcionamiento hepático.
Hoy en día, en el mundo contaminado en el que vivimos, es imposible no estar expuesto/a a patógenos y toxinas, además de los que heredamos de nuestros padres. Hay un auge masivo de enfermedades crónicas y misteriosas como migrañas, tiroiditis de Hashimoto, lupus, fibromialgia, esclerosis múltiple, eccema, síndrome de fatiga crónica, infecciones urinarias, acné quístico, hormigueo y entumecimiento, diabetes, autismo y más. Estas condiciones se asocian a estos patógenos, metales pesados tóxicos y otras toxinas que no tienen nada que ver con las proteínas. Y cuando la dieta es demasiado alta en grasas, es casi imposible que los patógenos, metales pesados y toxinas responsables de estas enfermedades y síntomas abandonen el cuerpo, ya que la sangre está demasiado espesa debido a toda la grasa, además de la gran cantidad de estos agentes en el torrente sanguíneo.
En conclusión: El tema no está en dejar las proteínas animales si llevás una dieta carnívora, sino en reducir el consumo y entender que es una dieta basada en un exceso de grasas que espesan la sangre y no permiten la eliminación de todos los tóxicos mencionados.