Written by 2:25 pm Efecto placebo, Enfermedades Autoinmunes

Confiar en la naturaleza del cuerpo

La casi totalidad de lo que se denominan enfermedades son crisis de toxicidad provocadas por la acumulación de toxinas hasta el grado de intolerancia.
Mujer tranquila con sus manos en su pecho

Al organismo no le queda más opción que encontrar una válvula de escape por la acumulación de toxinas. Una crisis de toxicidad puede venir acompañada de diversos síntomas, como dolores de cabeza y en las articulaciones, catarros, dermatitis, bronquitis u otros tipos de infecciones. Cada uno de esos síntomas indica que el cuerpo intenta librarse de las sustancias tóxicas en las partes más congestionadas. Una vez que el sistema inmunológico ha reducido la toxicidad por debajo del nivel de tolerancia, que puede diferir de una a otra persona, los síntomas empiezan a desaparecer (fase de curación). 

En la vida todo transcurre cíclicamente, sin excepción alguna. Entre los efectos más lamentables de las intervenciones médicas está impedir que el ciclo natural de enfermedad y curación se desarrolle completamente. El conocido médico Henry Lindlahr resumió esta evidencia médica fundamental con la siguiente afirmación contundente: «La mayor parte de todas las enfermedades crónicas se deben a la supresión de los síntomas agudos mediante la intoxicación con fármacos». Al contentarnos con la mera eliminación de los síntomas, hoy en día hay muchas enfermedades cuyas causas desconocemos totalmente. La fase de curación que sigue de modo natural a una crisis de toxicidad no tiene ninguna oportunidad de desarrollarse. Si no dejamos que un simple resfriado siga su curso natural, la próxima vez que nos acatarremos y tratemos de reprimirlo, se convertirá en un catarro crónico. Si seguimos cercenando el esfuerzo del cuerpo por sanar, el catarro se convertirá en pulmonía. Una pulmonía puede ser funesta si se socava la eliminación de las secreciones tóxicas con fármacos inhibidores. 

“Del mismo modo, una migraña recurrente puede llegar a convertirse un día en una enfermedad mental; una hipertensión arterial, en un infarto de miocardio; y una congestión del estómago, en un cáncer. 

Andreas Mortiz.

Si dejáramos que una crisis de toxicidad siguiera su curso natural hasta que se resolviera, y si además evitáramos que las energías del organismo se fueran diezmando, la enfermedad raramente aparecería y no tendríamos que luchar contra ella si lo hiciera. Una crisis de toxicidad, sin embargo, puede acarrear graves complicaciones si el paciente impide que el cuerpo se deshaga de todos los desechos o sustancias tóxicas que, con el tiempo, han ido congestionado sus órganos o sistemas de eliminación, a saber, el hígado, el colon, los riñones, el sistema linfático, la piel y los pulmones. 

Las personas que «toman el atajo» de una intervención médica para recuperarse, que aparentemente es más eficaz, rápido y apropiado, recuerdan la enfermedad con aprensión y continúan viviendo con el miedo a una recaída. Pero las que se curan atendiendo a la capacidad natural del propio organismo son más propensas a recordar la enfermedad como la experiencia de una gran liberación física y emocional que ha acrecentado enormemente su autoestima y su bienestar. Al recuperar la salud con la confianza y la creencia en la propia capacidad del cuerpo, dan, además, un gran paso en su desarrollo personal. Muchos pacientes afirman que el hecho de recuperarse de una enfermedad de una manera natural les ha llevado a mejorar notablemente su actitud general ante la vida y en sus relaciones con los demás. Un proceso tóxico puede ser una oportunidad única para compensar un karma antiguo y para que se produzcan en la vida cambios positivos en el plano físico, emocional y espiritual. Al confiar al propio cuerpo el proceso de curación, una nueva sensación de libertad invade la conciencia, y empiezan a disiparse viejos miedos y ansiedades. 

La táctica de luchar contra una enfermedad hasta el final no solamente es innecesaria, sino que además alimenta la vieja creencia de que una auténtica curación es tan sólo una cuestión de suerte. Las investigaciones realizadas han confirmado lo contrario: más de un 80 % de las enfermedades desaparecen por sí mismas. Ello se debe, por supuesto, a la capacidad curativa innata del organismo. Para ayudar al cuerpo en sus esfuerzos por curarse en medio de una crisis de toxicidad es importante tomar un laxante natural, realizar un lavado intestinal o al menos ponerse un enema al día a fin de eliminar las toxinas acumuladas en el tracto intestinal. También es muy aconsejable mantener los pies calientes, descansar y evitar mirar la televisión (debido a sus efectos estimulantes y deshidratantes). Comer durante ese período interrumpe el proceso de curación, pues se necesita la energía del cuerpo para eliminar las toxinas. Sin embargo, beber agua tibia en abundancia ayuda a que el organismo se limpie y se rehidrate. 

Asimismo, es muy recomendable tomar un baño caliente antes de dormir y, si hay dolor, resulta muy agradable bañarse también durante el día, con agua caliente, tan a menudo como se pueda. La exposición regular al sol y al aire fresco puede ser también muy eficaz en el proceso, pues ambos son estimulantes del sistema inmunológico. Estas y otras medidas similares ayudan al organismo a pasar el proceso tóxico en el menor tiempo posible. La confianza en el propio cuerpo, el hecho de no tenerle miedo, desempeña un papel clave en la recuperación. Todas las enfermedades graves son al comienzo «inocentes». La mayoría de ellas empiezan como simples resfriados, dolores de cabeza, indigestiones, retortijones de estómago, cansancio, agarrotamiento de las articulaciones, problemas cutáneos y pequeñas dolencias de índole similar. Estas molestias, aparentemente «insignificantes», pueden tornarse graves si se «curan» con demasiada rapidez. Nunca pueden ser realmente eliminadas con tratamientos enfocados simplemente a curar los síntomas, pues cada pequeña crisis de toxicidad que se suprime aporta más toxinas al sistema y reduce la potencia y la vitalidad. Además, si las causas de estas dolencias relativamente pequeñas no se eliminan a tiempo, pueden producirse disfunciones orgánicas más graves. Éste podría ser el punto de partida de una enfermedad de larga duración.

Moritz, Andreas. Los secretos eternos de la salud (SALUD Y VIDA NATURAL) (Spanish Edition) (pp. 94-97). EDICIONES OBELISCO S.L.. Kindle Edition. 

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