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Agni: el «general» de la digestión

El sistema digestivo no sólo es el «motor» físico del organismo, sino también el centro emocional y la residencia del subconsciente.
Mujer sonriendo y desayunando en su cocina

Cada vez que nos introducimos un alimento en la boca y éste entra en contacto con las papilas gustativas de la lengua, las glándulas salivares empiezan a segregar saliva. La saliva es necesaria para lubricar los alimentos y predigerir los almidones cocidos. Al mismo tiempo, el páncreas y el intestino delgado reciben instrucciones de preparar la emisión de enzimas digestivas y de minerales necesarios en la cantidad y la naturaleza adecuadas para ayudar a descomponer los alimentos en los componentes nutritivos más pequeños y ayudar a la digestión. 

La primera causa -también la más común- de la aparición de problemas digestivos es ingerir los alimentos con demasiada rapidez. Se trata de un hábito que revela ansiedad, impaciencia y nerviosismo. Comer demasiado rápido reduce la producción de saliva en la cavidad bucal, y esto es una causa importante para la aparición de la caries dental. Una de las funciones de la saliva consiste en proteger la boca y los dientes de sustancias dañinas y de microbios que causan irritación. 

“Una buena salud dental y una adecuada masticación son factores muy importantes para conservar la memoria cuando envejecemos y para protegernos de los dañinos efectos del estrés. 

Andreas Moritz

Existen otras razones por las que masticar los alimentos como es debido es algo esencial para nuestro bienestar. Según un fascinante estudio de investigación realizado en la Universidad de Gifu, en Japón, la masticación mejora la memoria al reducir la liberación de las hormonas del estrés. La técnica de formación de imagen por resonancia magnética (IRM) muestra que la masticación estimula el hipocampo, el cual, a su vez, ayuda a controlar los niveles de hormonas del estrés en sangre. El resultado es que el simple acto de masticar reduce tanto el estrés como las hormonas del estrés, de modo que masticar bien los alimentos puede reducir efectivamente el grado de ansiedad.

Los científicos japoneses descubrieron también que cuando faltan dientes o éstos se hallan en mal estado, se suele masticar menos. Ello hace que, acto seguido, aumenten los niveles de hormonas del estrés. La conclusión de este estudio es que una buena salud dental y una adecuada masticación son factores muy importantes para conservar la memoria cuando envejecemos y para protegernos de los dañinos efectos del estrés.

Una vez ha pasado por el esófago, el alimento entra en el estómago. Si lo que comemos contiene hidratos de carbono (azúcares complejos y almidones como los que se encuentran en las verduras y los cereales), las enzimas salivares siguen digiriendo esos alimentos durante más o menos una hora antes de que el estómago empiece a segregar sus jugos gástricos. Cuando se mastica con demasiada rapidez, la mayor parte de los alimentos permanecen sin digerir y empiezan a fermentar.

Los jugos gástricos consisten en ácido clorhídrico, enzimas, sales minerales, mucosidad y agua. La acción de los ácidos acaba con muchos de los microbios y parásitos dañinos presentes de modo natural en los alimentos frescos, las carnes, los pescados, los productos lácteos y demás. El ácido clorhídrico descompone también algunas de las sustancias nocivas que pueden encontrarse en algunos alimentos, como ciertos aditivos alimentarios o productos químicos. Unas enzimas especiales empiezan a actuar sobre las proteínas que pueda haber en los alimentos. Una vez saturado de ácido suficiente, el alimento se introduce en pequeños dosis en el duodeno.

“La combinación de alimentos nutritivos y un AGNI fuerte constituyen la pareja perfecta para ayudar al cuerpo a generar una cantidad suficiente de aminoácidos, ácidos grasos, minerales, vitaminas, glucosa, fructosa, oligoelementos y otras sustancias vitales y ponerlas a disposición de todos sus órganos.”

Andreas Moritz

El duodeno es un tubo hueco que conecta el estómago con el yeyuno, la parte intermedia de las tres porciones del intestino delgado. Constituye la primera porción y la más corta del intestino delgado, en la que tiene lugar la mayor parte de la digestión química. Se le llama «capuchón duodenal» porque en una radiografía del mismo se ve como una especie de capuchón. A continuación, el duodeno vira en redondo y pasa del lado derecho al lado izquierdo del abdomen. La-bilis del hígado y las secreciones del páncreas atraviesan la ampolla de Vater para mezclarse con los alimentos en el duodeno. Los jugos pancreáticos contienen enzimas digestivas, minerales y agua, que ayudan a descomponer todavía más los almidones. La bilis, que es inyectada en el duodeno a través del conducto biliar común, contribuye a la digestión de grasas y proteínas. El duodeno participa en esta importantísima parte del proceso digestivo liberando hormonas y jugos digestivos específicos. El Ayurveda tiene un nombre para designar el conjunto de la actividad que se desarrolla en esta parte del sistema digestivo: AGNI, o «fuego digestivo». El AGNI «cocina» los alimentos para que sus nutrientes, en un proceso posterior, resulten más fácilmente disponibles para las células y los tejidos (véase ilustración 5).

Ilustración del sistema digestivo

El intestino delgado mide unos 6 m de longitud. Es el responsable de absorber los nutrientes, la sal y el agua. Cada día entran en el yeyuno (parte superior del intestino delgado) unos 9 litros de líquido, en su mayor parte formado por jugos digestivos. El intestino delgado absorbe unos 71 de líquido y sólo deja fluir al intestino grueso de 1,5 a 21. La función absorbente del intestino se lleva a cabo por medio de una intrincada formación celular entre el revestimiento de sus paredes (pliegues y vellosidades), que absorbe y secreta sales, nutrientes y también agua para mantener el equilibrio salino e hídrico del cuerpo. En una persona sana, la función de absorción es tan eficaz que con una dieta natural y equilibrada el organismo absorbe más del 95 % de los hidratos de carbono y las proteínas que ingiere. 

Cada porción del intestino delgado desempeña una función específica. El duodeno, por ejemplo, tiene un papel muy importante en la coordinación del tiempo que tarda el estómago en vaciarse y la cantidad de bilis que es preciso secretar en el intestino para optimizar el proceso digestivo. El duodeno es, asimismo, muy importante para la absorción del hierro. El yeyuno es el lugar preferente para la absorción de la vitamina B9 o ácido fólico, mientras que el final del ileo (parte inferior del intestino) es parte esencial para la absorción de la vitamina B12 y de las sales biliares. La sangre retoma todos los nutrientes y los conduce al hígado para que seguir procesándolos 

Tan sólo cuando el AGNI, el fuego digestivo, es fuerte, el alimento ingerido puede descomponerse en nutrientes básicos y ser apto para el complejo proceso metabólico del organismo. El AGNI se nutre de bilis, sin la cual ninguno de los demás jugos gástricos sería suficientemente efectivo para descomponer el alimento en sus elementos nutrientes. La bilis es alcalina. Cuando el alimento saturado de ácido clorhídrico entra en el intestino delgado, previamente ha tenido que mezclarse con bilis antes de que las enzimas digestivas actúen sobre él. Un pH intestinal muy ácido bloquearia la secreción enzimática y constituiría un gran obstáculo para la adecuada digestión de los alimentos. Después, a fin de activarse, las enzimas pancreáticas tienen que combinarse con la bilis antes de pasar por la ampolla de Vater. Para que esto sea posible, el conducto biliar común y el conducto pancreático se deben unir y formar un único conducto corto antes de desembocar en el duodeno. Mientras la secreción biliar que llega de los conductos biliares del hígado y la vejiga pueda fluir libremente sin que se lo impida la presencia de cálculos, la buena digestión está prácticamente asegurada, siempre que los alimentos ingeridos sean frescos y saludables. 

La combinación de alimentos nutritivos y un AGNI fuerte constituyen la pareja perfecta para ayudar al cuerpo a generar una cantidad suficiente de aminoácidos, ácidos grasos, minerales, vitaminas, glucosa, fructosa, oligoelementos y otras sustancias vitales y ponerlas a disposición de todos sus órganos. Esto, a su vez, hace que la sangre esté sana, los tejidos llenos de vitalidad y el cuerpo rejuvenecido. La calidad de la sangre y de los tejidos del cuerpo, incluidos los que forman la piel, reflejan casi siempre el estado del hígado y del intestino delgado.

Moritz, Andreas. Los secretos eternos de la salud (SALUD Y VIDA NATURAL) (Spanish Edition) (pp. 174-180). EDICIONES OBELISCO S.L.. Kindle Edition.

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