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¿Por qué dormir bien es tan importante?

Cuando el cuerpo crea esas hormonas en el momento adecuado y en la cantidad necesaria, como ocurre durante el sueño profundo, son suficientes para mantener el cuerpo lleno de vitalidad y juventud a cualquier edad.
Mujer durmiendo sobre su almohada
Dormir bien durante la noche ayuda al hígado desempeñar todas sus funciones. Si forzamos a nuestro hígado a digerir alimentos en la noche o llevando a cabo actividades físicas y mentales, no va a tener la energía necesaria para cumplir sus tareas de forma eficiente, al igual que los riñones.
 
Por la noche, durante el período Pitta, la mayor parte de la sangre que se halla en la parte posterior del cerebro fluye hacia el hígado, donde se almacena y purifica. Si durante ese tiempo se llevan a cabo actividades mentales o físicas, el hígado no recibe la suficiente cantidad de sangre para poder actuar como es debido. Tampoco puede limpiar la sangre suficientemente. El resultado es la acumulación de materias tóxicas en el hígado y en el flujo sanguíneo. Si las toxinas siguen circulando por la sangre, acabarán instalándose en el fluido intersticial (tejido conectivo) de los órganos y sistemas corporales, incrementando el grado de acidez y causando daños en dichos órganos y sistemas, entre ellos el hígado. Un alto grado de toxicidad en la sangre provoca la secreción de las hormonas del estrés, aturdimiento, lesión de vasos capilares, músculos del corazón y arterias. La mayoría de las enfermedades cardiacas son el resultado del mal funcionamiento de un hígado incapaz de eliminar diariamente todas las toxinas y las sustancias nocivas de la sangre. Cuando no proporcionamos al hígado la energía que necesita para llevar a cabo sus tareas fundamentales, estamos sembrando la enfermedad en todo nuestro organismo.

“Cuando el cuerpo crea hormonas de crecimiento en el momento adecuado y en la cantidad necesaria son suficientes para mantener el cuerpo lleno de vitalidad y juventud a cualquier edad.”

Andreas Moritz

El sueño se divide en dos grandes etapas: la de antes de la medianoche y la de después de la medianoche. En los adultos, los procesos más importantes de purificación y renovación tienen lugar durante las dos horas de sueño anteriores a la medianoche. Este período incluye el sueño profundo, que a menudo se denomina «sueño de belleza». El sueño profundo dura alrededor de una hora, de las 23 a las 24 horas. En este período se entra en un estado de tranquilidad en el que el consumo de oxígeno del cuerpo desciende aproximadamente un 8 %. El resultado es un descanso profundo y una plena relajación. El reposo fisiológico que se consigue durante esa hora de dormir sin soñar es al menos tres veces más intenso que el que se produce mientras se duerme en la etapa posterior a la medianoche, cuando el consumo de oxígeno del cuerpo asciende otra vez entre un 5 y un 6 %. Los factores que determinan el crecimiento, comúnmente denominadas hormonas del crecimiento, se secretan profusamente durante esas horas de sueño más profundo. Esas potentes hormonas son las responsables del crecimiento celular, de la recuperación y del rejuvenecimiento del cuerpo.
 
Cuando el cuerpo crea esas hormonas en el momento adecuado y en la cantidad necesaria, como ocurre durante el sueño profundo, son suficientes para mantener el cuerpo lleno de vitalidad y juventud a cualquier edad. El sueño profundo nunca tiene lugar después de medianoche y sólo se produce cuando uno se va a dormir al menos dos horas antes de esa hora. Si se deja de dormir profundamente de modo regular, el cuerpo y la mente se agotan. Esto desencadena una respuesta hormonal anormal en forma de secreciones constantes de las hormonas del estrés, como la adrenalina, el cortisol o el colesterol (¡sí, el colesterol es una hormona de estrés que aumenta con el estrés!). Para mantener esas irrupciones artificiales de energía, al menos durante cierto tiempo, hay quien se ve tentado a tomar estimulantes como cigarrillos, café, té, dulces, bebidas energéticas o alcohol. Sin embargo, cuando las energías corporales se agotan, sobreviene la fatiga crónica y los estimulantes ya no son eficaces. La fatiga es una de las principales causas o factores desencadenantes de los problemas de salud de hoy en día. Cuando una persona se siente cansada, no sólo la mente está cansada. En realidad, cuando estamos cansados, todas y cada una de las células del corazón, los pulmones, el aparato digestivo, los riñones y cualquier otro órgano del cuerpo carecen de energía y son incapaces de funcionar como es debido. Al estar fatigado, el cerebro no recibe la cantidad que necesita de agua, glucosa, oxígeno y aminoácidos, sus nutrientes más necesarios. La falta de nutrientes en el cerebro puede ocasionar innumerables problemas en la mente, el cuerpo y el comportamiento de una persona, además de fatiga. Cuando, por ejemplo, conducimos por la noche, el cuerpo tiene que luchar con la «amodorrante» hormona melatonina, que de un modo natural intenta que el organismo se mantenga en su nivel de actividad más bajo. Según las investigaciones llevadas a cabo en el campo de la cronobiología, el grado de atención decae considerablemente después de medianoche.

“La fatiga frecuente y la falta de energía preceden a las enfermedades crónicas y a la mayoría de las dolencias graves, entre ellas el cáncer, las cardiopatías, la esclerosis múltiple, el síndrome de fatiga crónica, el sida, el resfriado común y la gripe.”

Andreas Moritz

Los médicos de la Universidad de California, en San Diego, han descubierto que perder unas cuantas horas de sueño no sólo hace sentirse cansado a la mañana siguiente, sino que además afecta al sistema inmunológico, y puede llegar a reducir la capacidad del cuerpo para luchar contra las infecciones. Puesto que la inmunidad desciende cuando el cansancio aumenta, nuestro organismo es incapaz de defenderse por sí mismo de las bacterias, los microbios y los virus. Además, tampoco puede enfrentarse adecuadamente a la formación de sustancias dañinas. La fatiga frecuente y la falta de energía preceden a las enfermedades crónicas y a la mayoría de las dolencias graves, entre ellas el cáncer, las cardiopatías, la esclerosis múltiple, el síndrome de fatiga crónica, el sida, el resfriado común y la gripe. Las investigaciones realizadas señalan una relación directa entre sueño y salud. La falta de sueño afecta incluso a la secreción de la hormona del crecimiento, lo cual está vinculado a la obesidad. A medida que desciende la secreción hormonal, aumenta la probabilidad de ganar peso. En otras palabras, cuanto peor se duerme, más se engorda. Además, la tensión arterial desciende durante el sueño, pero un sueño interrumpido puede influir de modo contraproducente en ese descenso normal y generar hipertensión y problemas cardiovasculares. Finalmente, dormir poco entorpece la capacidad del organismo para utilizar la insulina, lo que conduce a la aparición de la diabetes.
 
Moritz, Andreas. Los secretos eternos de la salud (SALUD Y VIDA NATURAL) (Spanish Edition) (pp. 255-259). EDICIONES OBELISCO S.L.. Kindle Edition.

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