Written by 4:58 pm Carne, Diabetes

Proteínas animales: más dañinas que el azúcar 

Una ingesta excesiva de alimentos proteínicos hace de la diabetes de tipo 2 una dolencia permanente, una enfermedad crónica.
carne y pollo crudos en tabla de madera

Sin lugar a dudas, los alimentos que carecen de elementos nutritivos producen malnutrición, trastornos alimenticios y obesidad. Para evitar las subidas repentinas y nocivas del nivel de azúcar, ni siquiera las personas sanas deben tomar azúcar refinada o alimentos repletos de fécula. Cuando se sienten regularmente deseos irrefrenables de comer dulces o alimentos con fécula es que existe una grave disfunción del metabolismo celular. Pero en realidad el azúcar no es un motivo de preocupación tan grande si se comparan sus efectos con los que ocasiona la ingesta de proteínas animales.

“A los pacientes diabéticos casi nunca se les dice que la cantidad de insulina que su cuerpo necesita para asimilar, por ejemplo, un filete de carne de tamaño normal es la misma que la requerida para asimilar 225 g de azúcar. “

Andreas Mortiz.

La razón por la que ningún médico advierte de esto es porque comerse un filete de carne no hace aumentar de modo sustancial el nivel de azúcar en sangre, de modo que la carne aparentemente es un alimento saludable para los diabéticos. Y así es como la «enfermedad» puede progresar y agravarse callada e inapreciablemente.

La resistencia a la insulina en la diabetes de tipo 2 define un trastorno en el que el páncreas puede producir insulina, pero las células son insensibles a ella. La insulina sirve de «llave» para abrir la «puerta» a través de la cual la glucosa y otros nutrientes tienen que entrar en las células. Cuando hay excesivamente pocas «puertas» abiertas, o cuando los «cerrojos» de las puertas están «oxidados» y son difíciles de abrir a pesar de la presencia de esta hormona, surge la resistencia a la insulina. Las células pueden resultar finalmente dañadas y tornarse cancerosas si la insulina llega a entrar en contacto con ellas con demasiada frecuencia y en cantidades excesivas. Las comidas proteínicas regulares hacen que las células incrementen su resistencia a la insulina, y sin que en un principio se detecte un aumento de los niveles de azúcar, finalmente dan lugar a una diabetes de tipo 2. Los tentempiés frecuentes que contienen azúcar y grasas refinadas desempeñan también un papel importante, pero, como ya se ha explicado, su alcance es mucho menor.

Por tanto, una ingesta excesiva de alimentos proteínicos hace de la diabetes de tipo 2 una dolencia permanente, una enfermedad crónica.

Incluso en un cuerpo sano, las células pancreáticas son incapaces de producir la gran cantidad de insulina requerida para ocuparse de las proteínas animales que se consumen de modo regular. Parte de las proteínas que no se utilizan las descompone el hígado, si bien esa capacidad está muy mermada en los diabéticos. El resto de las proteínas circulan por la sangre hasta que llegan a los tejidos intercelulares. Sin embargo, del mismo modo que las membranas celulares de los diabéticos impiden que la insulina penetre en las células, también rechazan el azúcar, las proteínas y los ácidos grasos. Puesto que parte del exceso de azúcar se convierte en grasa y la grasa se acumula en los tejidos, las proteínas tienen que eliminarse del tejido intercelular o conectivo por diferentes medios. El proceso que utiliza el organismo es el mismo que el señalado en los dos últimos capítulos: convierte el exceso de proteínas en fibra colágena, que a su vez empieza a acumularse en las membranas basales de las paredes de los vasos capilares de la sangre. Esta desaparición de la proteína hace suponer que ésta no representa ningún problema para el diabético.

El azúcar, por otro lado, no cuenta con esa vía de escape aparentemente imposible de seguir. Una vez que el fluido intercelular se satura con el azúcar no utilizado, el nivel de azúcar aumenta de modo natural en el flujo sanguíneo. Con el consumo continuo de proteínas, las membranas basales acumulan tanta fibra proteínica que los azúcares simples no pueden pasar a través de ellas, aunque las células dejaran de ser resistentes a la insulina y permitieran que el azúcar pasara de nuevo a través de sus membranas.

Puesto que es importantísimo comprender la conexión entre proteínas y diabetes, volveré a explicar lo que ya he explicado. Cuando se toman alimentos proteínicos concentrados, como carne de ternera o pollo, el cuerpo requiere mucha insulina para sintetizar proteínas a partir de los aminoácidos derivados de esos alimentos. Según las investigaciones realizadas, el estímulo de la síntesis de proteína es una actividad típica de la insulina. La ausencia del efecto estimulante de la insulina en la síntesis de la proteína mermaría el crecimiento y daría lugar a una pérdida de peso, fenómenos ambos que son característicos de la diabetes de tipo 1. Para asegurarse de que los aminoácidos derivados de la proteína animal se sinteticen en proteínas, el páncreas tiene que secretar insulina. Dicho de otro modo, cuanta más proteína se come, más insulina necesita fabricar el cuerpo, con el consiguiente aumento de las posibilidades de generar resistencia a la insulina y una diabetes de tipo 2.

Así, al ingerir un filete de carne de tamaño normal, uno obliga al páncreas a secretar más insulina que la que debería producir si se tomara doce veces la cantidad de azúcar que contiene una lata de refresco. Si además uno como patatas y un postre dulce y bebe un refresco durante la comida, como hacen la mayoría de los norteamericanos, lo normal es que la resistencia a la insulina aumente aún más. En la actualidad, la diabetes es la epidemia que más rápidamente se extiende en Estados Unidos, y es fácil saber por qué.

El efecto de la insulina en el metabolismo de la proteína es complejo e incluye cambios tanto en la síntesis como en la degradación de la proteína. Si la ingesta de proteína es excesiva, la secreción de insulina aumenta para ayudar a degradarla. La síntesis de proteína y el control de los hidratos de carbono y del metabolismo de las grasas se han relacionado ahora de una manera inesperada, y se ha descubierto que muchos de los sistemas de aviso que utiliza la insulina para controlar el metabolismo de la glucosa, por ejemplo, también están implicados en el control de la síntesis de proteína. La conclusión final es que la ingesta excesiva de proteínas es una causa directa de la insulinorresistencia y puede provocar el inicio de una diabetes de tipo 2.

Así pues, tomar demasiados alimentos proteínicos puede hacer de la diabetes de tipo 2 una dolencia permanente, una enfermedad crónica. Pero la progresión de esa enfermedad no se detiene ahí.

Moritz, Andreas. Los secretos eternos de la salud (SALUD Y VIDA NATURAL) (Spanish Edition) (pp. 802-805). EDICIONES OBELISCO S.L.. Kindle Edition.

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