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Por qué la mayoría de cánceres desaparecen de modo natural 

El cuerpo se inmuniza de modo natural a través de crisis curativas, que eliminan de forma natural las toxinas cancerígenas.
Frutas y vegetales

Cualquier crisis de toxicidad, desde un complicado cáncer a un simple resfriado, es, en realidad, una crisis curativa que, si se trata con medidas depurativas, termina con una rápida recuperación natural. Sin embargo, si se interfiere en ella con medidas para suprimir sus síntomas, una «recuperación» habitualmente efímera puede convertirse fácilmente en una patología crónica.

“Por desgracia, los oncólogos no se atreven o no se preocupan en encontrar una curación natural del cáncer; no les forman ni les pagan para ese fin. Aunque dieran casualmente con un método de curación natural, nunca lo harían público. “

Andreas Moritz

Rose Papac, médica y profesora de oncología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale, señaló una vez que actualmente hay pocas oportunidades de ver lo que ocurre con los cánceres no tratados. «Todo el mundo se siente impelido a aplicar inmediatamente un tratamiento cuando ve estas enfermedades», afirma Papac, quien ha estudiado casos de remisión espontánea del cáncer. Presas de miedo y en muchos casos lindando con la paranoia, muchas personas buscan un rápido remedio para las terribles dolencias sin dar a su organismo la posibilidad de curarse por sí mismo, y en vez de ello deciden destruir lo que no es necesario destruir. Ésta puede ser una de las principales razones por las que actualmente ocurren tan pocas remisiones espontáneas en pacientes de cáncer.

Por otro lado, numerosos investigadores han informado a lo largo de los años que varias afecciones, como la fiebre tifoidea, el coma, la menopausia, la neumonía, la varicela o incluso las hemorragias, pueden dar lugar a remisiones espontáneas del cáncer. Sin embargo, no existen explicaciones oficiales sobre el modo en que estas remisiones se relacionan con la desaparición del cáncer. Al ser fenómenos inexplicados sin base científica, no se utilizan para una posterior investigación sobre el cáncer. Por consiguiente, el interés de la comunidad científica por descubrir el mecanismo de autocuración del cuerpo frente al cáncer sigue siendo casi nulo. Estas «curaciones milagrosas» se producen, al parecer, con mayor frecuencia en relación con ciertos tipos de enfermedad: cáncer de riñón, melanoma (cáncer de piel), linfoma (cáncer linfático) y neuroblastoma (un cáncer de las células nerviosas que afecta a los niños).

Teniendo en cuenta que la mayoría de los órganos del cuerpo desempeñan funciones de eliminación de residuos, es lógico que los cánceres hepáticos, renales, de colon, pulmonares, linfáticos y de piel tengan más probabilidades de desaparecer cuando estos importantes órganos y sistemas de eliminación dejan de estar sobrecargados de toxinas. Del mismo modo, los tumores malignos no se desarrollan en un cuerpo sano con las funciones de defensa y reparación intactas. Únicamente prosperan en un entorno específico interno que favorece su crecimiento. Limpiar ese entorno con cualquier medio puede marcar la diferencia a la hora de superar un cáncer.

Una crisis de toxicidad, como una pulmonía o una varicela, elimina grandes cantidades de toxinas y ayuda a las células a «respirar» de nuevo libremente. La fiebre, el sudor, la pérdida de sangre, la excreción de mucosidades, la diarrea y los vómitos son vías adicionales para expulsar toxinas del cuerpo. Una vez descompuestas y eliminadas las toxinas sin obstáculos, el sistema inmunológico recibe un fuerte impulso natural. Un renovado estímulo inmunológico, basado en una reducción general de la toxicidad en el organismo, puede ser suficiente para acabar con un tumor maligno que ya no tiene ningún papel que cumplir en la supervivencia del organismo. Las afecciones indeseables como la varicela, la pulmonía, la fiebre, etc. pueden ser en realidad «un regalo de Dios» (por emplear otra expresión acientífica) que puede salvar la vida de una persona. Negarse a aceptar el regalo podría costar la vida. Muchas personas mueren innecesariamente porque se les impide cumplir con todas las fases de una enfermedad. Las afecciones no son más que otros tantos intentos del cuerpo de dar salida a las sustancias venenosas. Si bloqueamos las vías de salida de esos venenos, cosa que sucede cuando tratamos los síntomas para eliminarlos, podemos asfixiar al cuerpo y acabar con sus funciones vitales.

Eliminar las enfermedades infantiles mediante programas de inmunización antinaturales puede hacer que los niños entren en una situación de alto riesgo en cuanto al desarrollo de un cáncer. La varicela, el sarampión y otros programas de autoinmunización (mal llamados «enfermedades infantiles») ayudan a preparar el sistema inmunológico de un niño para contrarrestar potenciales agentes patológicos de forma más eficiente y sin tener que experimentar una importante crisis de toxicidad.

Con más de 550.000 muertos de cáncer al año tan sólo en Estados Unidos, la justificación que se hace de los programas de vacunación en este país es muy dudosa. El enfoque convencional de la inmunización, no demostrado y acientífico, puede socavar y desvirtuar los programas de autoinmunización muy superiores del propio organismo. El cuerpo se inmuniza de modo natural a través de crisis curativas, que eliminan de forma natural las toxinas cancerígenas. Si la inmunización industrial provoca cáncer directa o indirectamente, no tiene importancia; lo importante, sin embargo, es saber que los programas de vacunación o inmunización convencionales pueden impedir que el cuerpo desarrolle crisis curativas que pueden salvar la vida.

Moritz, Andreas. Los secretos eternos de la salud (SALUD Y VIDA NATURAL) (Spanish Edition) (pp. 774-777). EDICIONES OBELISCO S.L.. Kindle Edition.

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